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Entregabilidad5 de noviembre de 2026

Por qué validamos cada dirección antes de enviar, aunque cueste plata

Validar cuesta doce veces más que mandar. Lo hacemos igual, y va incluido en el precio. Por qué, y qué pasó cuando comparamos dos formas de hacerlo.

Hay una decisión que tomamos temprano y que nos cuesta plata todos los meses: antes de que salga un solo email, cada dirección de la lista se consulta con un servicio externo que revisa si el buzón existe de verdad. Solo las que dan válido reciben.

Los números, para que se entienda el tamaño: mandar un email nos cuesta alrededor de Gs 3. Validar una dirección, alrededor de Gs 37. Validar sale doce veces más caro que mandar.

Pagamos doce veces más
por averiguar si vale la pena
que por mandarlo.

Qué pasa cuando le mandás a una dirección que no existe

Rebota. Y no todos los rebotes son iguales: cuando el servidor contesta que ese buzón no existe, es un rebote duro, el más caro de todos.

El problema no es el email perdido, que no le importa a nadie. El problema es lo que le dice de vos al proveedor que recibe. Una tasa alta de rebotes duros es la señal más clara de que la lista no se cuidó: que es vieja, que se compró, o que se armó sin pedir permiso. Ninguna de las tres te deja bien parado.

Y el castigo no cae sobre esa dirección: cae sobre tu dominio. Los que pagan el error son los contactos buenos, cuyos emails empiezan a caer en spam. Por eso una lista sucia es un problema que crece solo.

La tentación de no validar

Es fácil justificar no hacerlo. Validar 10.000 direcciones son unos Gs 370.000 antes de mandar el primer email. Es plata real, por adelantado, para una tarea que no se ve y que el cliente no pidió. Siempre está la opción de mandar y ver qué pasa.

El problema de mandar y ver qué pasa es que para cuando viste, ya pasó. Los rebotes se contabilizan cuando salieron, y la reputación no se devuelve.

Lo que descubrimos comparando

Antes de elegir con qué validar, probamos dos caminos con las mismas cuatro direcciones: una real, dos inventadas en dominios grandes y una inventada en nuestro propio dominio.

Un camino dio las cuatro como válidas, incluidas las tres que no existen.

El otro acertó: dio la real como válida, las inventadas como inválidas, y una cuarta —de un dominio que no contesta— como desconocida, sin cobrarla.

La diferencia entre los dos no es un detalle técnico. Un validador que dice «válida» sobre un buzón que no existe es peor que no validar, porque te da confianza para mandar. Pagás por una respuesta y lo que comprás es una falsa tranquilidad.

Por eso la pregunta al elegir no es cuánto cuesta ni cuántas direcciones procesa por hora. Es: ¿consulta el buzón de verdad, o adivina a partir del dominio?

Las que quedan en el medio

No todo es válido o inválido. Hay un tercer grupo, y es el que define la política de verdad:

  • Catch-all: dominios que aceptan cualquier dirección, exista o no. Imposible saber si hay alguien del otro lado.
  • Confianza media: el servidor contesta de forma ambigua.
  • Sin respuesta: el servidor no contesta, ni siquiera después de tres intentos.

En enviale, ninguna de esas recibe. Es la decisión incómoda: son direcciones que podrían estar bien, y dejarlas afuera significa mandarle a menos gente. Las dejamos afuera igual, porque el riesgo de una es tuyo pero la reputación es de todos los que están en esa lista.

Preferimos mandarle a menos gente
y que llegue.

Cómo lo cobramos

No lo cobramos. La validación va incluida en los Gs 99 del envío, sin línea aparte ni cupo de direcciones.

Y hay una segunda decisión ahí: solo se valida lo que se manda. Podés importar tu base entera sin que te cueste un guaraní; la validación se activa recién cuando elegís a quién le vas a mandar. Tampoco se valida dos veces la misma dirección.

La razón de meterlo adentro del precio es simple: si lo cobráramos aparte, sería una línea que alguien, algún día, va a querer sacar del presupuesto. Y el día que se saca es el día que se arruina el dominio. Ver precios →

Qué hace enviale con todo esto

La validación no es una opción que se pueda desactivar: es parte de cómo sale una campaña.

Solo reciben las válidas

Las riesgosas —catch-all, confianza media o sin respuesta tras tres intentos— no reciben. No es configurable.

Incluida en el precio

Sin línea aparte y sin cupo de direcciones. Es el único lugar donde una herramienta por envío podría esconderte un costo.

Solo lo que se manda

Importar no cuesta nada. La validación se activa cuando elegís la audiencia de una campaña.

Nunca dos veces

Una dirección ya validada no se vuelve a consultar ni a cobrar.

Sin origen, no sale

Todo contacto tiene que declarar de dónde salió. Las bases compradas o de terceros no se importan.

La supresión es para siempre

Un rebote duro suprime esa dirección para ese cliente. No hay forma de volver a mandarle por error.

Ver cómo funciona

¿Te lo armamos a vos?

La primera campaña la hacemos juntos, sin costo. Vos traés la lista y lo que querés decir.

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